
El líquido de refrigeración, diseñado para motores, a veces se utiliza como herbicida, a pesar de su toxicidad comprobada para las plantas y el suelo. El uso de productos automotrices, como el anticongelante o el AdBlue, en el jardín se basa en prácticas antiguas, toleradas o ignoradas, pero prohibidas por la normativa ambiental. El impacto de estas sustancias va más allá del simple efecto sobre las malas hierbas: contaminación duradera de los acuíferos, daño a la biodiversidad local, riesgos sanitarios. Ante la persistencia de estos usos, están surgiendo alternativas naturales, impulsadas por la búsqueda de un mantenimiento razonado de los espacios verdes.
¿Por qué algunos productos automotrices terminan en nuestros jardines?
Verter un fondo de bidón al pie de un seto o a lo largo de un camino no es nada excepcional en algunos jardines. En el primer uso, el resultado asombra: las hierbas desaparecen y la tierra parece estar congelada. Pero detrás de esta desaparición express, la desolación avanza. Las lombrices no tardan en huir, la microfauna desaparece y el suelo se vuelve estéril, incapaz de nutrir nada.
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Desde la implementación de la ley Labbé en 2019, estos métodos pertenecen a otro tiempo. Sin embargo, seguimos encontrando estas prácticas, bajo el pretexto de ahorrar tiempo o erradicar las “malas hierbas” de una vez por todas. Lo que se olvida rápidamente es que el etilenglicol del líquido de refrigeración se infiltra en el suelo, contamina de forma duradera los acuíferos y destruye, sin discriminar, todo lo que vive bajo la superficie.
Es importante insistir: nunca se debe vaciar un líquido automotriz en una parcela, sino llevarlo a las vías de recolección especializadas. De lo contrario, todo el jardín se transforma poco a poco en una zona muerta, desierta de la fauna más resiliente.
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¿Líquido de refrigeración y deshierbe: qué efectos tiene sobre la vegetación y el medio ambiente?
Al intentar eliminar algunos mechones indeseables, se obtiene una tierra exanguinada, incapaz de regenerarse. El césped se quema, los macizos pierden su color, el suelo se vuelve duro y estéril. Y después de la más mínima lluvia, las toxinas se infiltran, alcanzando los terrenos vecinos o las profundidades, dejando una contaminación discreta pero persistente.
Para comprender mejor las consecuencias, aquí lo que se observa tras la aplicación de estos herbicidas provenientes del garaje:
- La vegetación cesa todo crecimiento: ni césped, ni flores, ninguna nueva brotación logra emerger.
- El suelo se empobrece, su estructura se degrada, la porosidad desaparece, la tierra termina impermeable, compacta, seca.
- La biodiversidad disminuye: insectos, lombrices y microorganismos se evaporan, el medio se empobrece a gran velocidad.
¿Desea profundizar en el tema y medir el impacto exacto de este tipo de deshierbe? Un dossier completo dedicado a el efecto del líquido de refrigeración como herbicida ofrece un panorama claro de los riesgos, así como de las pistas para intentar devolver la vida a una parcela dañada.

Alternativas naturales y responsables para un jardín sin productos químicos
Dar la espalda a los productos químicos para gestionar las hierbas indeseables es optar por una tierra viva, capaz de acoger, temporada tras temporada, una biodiversidad abundante. Los jardineros avisados ahora se adhieren a soluciones regulares, pacientes y reflexivas, mucho más respetuosas del equilibrio del suelo.
Para controlar la vegetación sin contaminar su entorno, varias enfoques concretos y probados están a su disposición:
- El vinagre blanco, aplicado puntualmente, debilita las hierbas invasoras mientras preserva la vida del suelo si se mantiene atento.
- El bicarbonato de sodio, esparcido entre las losas o los adoquines, limita el rebrote donde el deshierbe manual resulta tedioso.
- El deshierbador térmico, que cauteriza las raíces de las malas hierbas y protege los organismos no objetivo.
Instalar un acolchado bajo las plantaciones es ofrecer al suelo no solo una protección contra la luz, sino también una fuente regular de materia orgánica. Y al sembrar abonos verdes como la facelia, la mostaza o la veza, se sofoca progresivamente las hierbas molestas mientras se revitaliza la tierra. Para los residuos resistentes, un cuchillo deshierbador o la tradicional azada acabarán con los últimos focos de resistencia. Al final, el deshierbe toma un nuevo rostro: más lento, más reflexivo, comprometido con preservar la riqueza de lo vivo. Y el jardín respira, fortalecido por esta vitalidad recuperada, lejos de cualquier traza de veneno.